Homilía Domingo 03 de Noviembre 2019 Monseñor Omar Mejía Giraldo

Santa Misa Dominical desde la Catedral Nuestra Señora de Lourdes Florencia Caquetá Colombia, presidida por Monseñor Omar Mejía Giraldo, Arzobispo de la Arquidiócesis de Florencia Caquetá.

Lucas 19, 1-10

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. El bajó en seguida, y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo: Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más. Jesús le contestó: Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

Para orar, meditar y vivir

Hoy debo hospedarme en tu casa

Recordemos una vez más, Jesús va de camino, Él es el “callejero de la fe”. Durante su viaje a Jerusalén va haciendo el bien, curando a los enfermos y oprimidos por el maligno, devolviendo la paz a los pecadores; y además, no pierde ninguna oportunidad para anunciar el Reino de Dios a todos, sin excepción y sin privilegios, la salvación es para todos…
El Santo Evangelio hoy, nos presenta al Maestro y Señor en Jericó, camino obligado para ir a Jerusalén. Allí, acontece algo extraordinario, había un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y cobrador de impuestos, un hombre de prestigio. Éste hombre se interesa por ver a Jesús, seguramente que habría escuchado hablar de su fama, su misión, su ser… Dice la Palabra que Zaqueo era un hombre de baja estatura y por el gentío no podía ver al Señor, es tanta su motivación e inquietud que se inventa la manera de verlo, se sube a un árbol y desde allí pretende verlo. Estando en el árbol, le pasa algo extraordinario, él quiere ver al Señor y es el Señor quien lo ve a él.
Jesús al ver a Zaqueo le dice: “Baja pronto porque hoy debo hospedarme en tu casa”. Jesús le pide hospedaje a Zaqueo, pero fue Zaqueo, quien termino hospedándose en el corazón de Jesús, en su casa. Zaqueo bajó de inmediato, lo que nos permite pensar que fue Jesús, quien le abrió su casa a Zaqueo. Jesús fue a casa de Zaqueo, pero de igual manera, terminó siendo un huésped de honor en el corazón de Jesús.
La casa de Dios está en lo más hondo del alma humana y la casa del hombre es lo más hondo del misterio divino; por eso, el ser humano vive realmente en paz cuando logra estar en la casa de Dios, al interior de su ser. Jesús es verdadero hombre y como tal va a casa de Zaqueo, allí comparte una cena con él y con otros comensales. Pero a la vez, tenemos que decir, Jesús es verdadero Dios, y como Dios, transforma el corazón del hombre que le abre su casa, su corazón, su ser. El paso de Jesús, Dios y hombre, por la casa de Zaqueo no es un paso sin sentido, se trata de un paso que transforma la mente, el corazón y el bolsillo de Zaqueo.
En Zaqueo se realiza una triple conversión: mental, afectiva y económica. Jesús se hospeda en casa de Zaqueo y éste deja de pensar sólo en sí mismo y desde el encuentro con el Señor comienza a pensar en los demás, su pensamiento ahora es en la búsqueda del bien común y no en el individualismo. Después del encuentro con Jesús el Señor, Zaqueo se convence que no puede explotar más. Desde que el Señor transformo la vida de Zaqueo, éste empieza a darse cuenta que debe amar a quienes había defraudado y engañado. La conversión de Zaqueo llega a su cumbre, cuando dice: a su huésped de honor (a Jesús): “Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más”. La conversión real se da cuando llega hasta el bolsillo, cuando se deja de vivir de la avaricia y la codicia. La conversión auténtica es aquella que termina invitándonos a compartir nuestros bienes materiales.
Hermanos, partamos de un hecho real: Dios vive enamorado de mí, de ti, de nosotros. El amor es la razón de ser de Dios. Dios existe por amor, desde el amor y para el amor. Sintamos el gozo de saber que Dios nos ama a cada uno. Él nos conoce, Él sabe quienes somos y por eso, todos los días nos dice: baja que hoy debo hospedarme en tu casa. Bajar es aprender a ser humildes, es reconocernos pecadores y necesitados de la presencia del Señor en nuestras vidas.
Hoy Jesús, el Maestro y Señor, pasa por nuestras vidas. Hemos venido a la Santa Misa, porque como Zaqueo queremos ver al Señor. Pensemos ahora a que árbol nos hemos subido, ¿al árbol de la vida o al árbol de la muerte?, ¿al árbol de la esperanza o de la desesperanza?, al árbol de la luz o de la oscuridad?. El hecho fundamental e importante es que queremos ver al Señor. Alguien me decía: la verdad es que cuando alguien va a un prostíbulo o a una cantina, lo que está es buscándole sentido a la vida, está buscando a Dios, quiere ver al Señor; aunque lo haga en el lugar equivocado… Donde estés, desde las circunstancias que vives hoy, desde allí el Señor te está diciendo: Carlos, Andrés, Milton, Marta, Dora…, baja pronto, porque hoy debo hospedarme en tu casa.
Jesús el Señor está enamorado de mí, hagámonos conscientes de está gran verdad. Jesús el Señor está enamorado de ti, ábrele la puerta de tu casa, Él te quiere hacer compañía, quiere ser tu amigo y confidente, no le tengas miedo, Él no te quita nada, todo lo contrario, te ofrece el TODO, te ofrece la gracia, el perdón, la misericordia, el amor… Jesús el Señor, está enamorado de nosotros, Él quiere hacer parte de nuestro grupo, abrámosle nuestro corazón. Con el Señor en nuestra casa no hay individualismo, no hay egoísmo, no hay rivalidades, no hay envidias, ni avaricias. Con el Señor en nuestra casa hay fraternidad, amistad, cercanía, conversión. El Señor quiere que lo dejemos hospedar en nuestra casa: ánimo, permitámoslo, ganamos todos.
A la luz de la Palabra de Dios, como Zaqueo, hagamos nuestro examen de conciencia, preguntémonos: ¿A quiénes hemos defraudado o engañado?, ¿Qué injusticias hemos propiciado o estamos propiciando hoy?. ¿De qué debo convertirme hoy?. Ahora mismo digámosle al Señor: Ya que has venido a mi casa, de hoy en adelante serás mi gran huésped y amigo, Señor espero también yo poder hospedarme en tu casa.

Tarea:
Desde la actitud de Jesús con Zaqueo, pensemos el tema de la evangelización de la ciudad. Evangelizar no es tan complicado, es: Ir a las casas y compartir una cena, compartir la amistad, la gracia, la vida, el perdón…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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